Jueves, 06 de Agosto del 2020

AQUEL 1 DE ABRIL DEL 53.

La hazaña que le dio una alegría inédita al pueblo paraguayo.

El 1 de abril de 1953 Paraguay le ganó en Lima 3 a 2 a Brasil y obtuvo el Campeonato Sudamericano. Aquí una crónica de aquella hazaña, fragmento de mi libro “Heriberto Herrera, el Sargento de Hierro”.

Con su victoria del 27 de marzo, Paraguay alcanzó a Brasil en la tabla de posiciones. Al día siguiente jugaban Perú y Uruguay. Si Perú ganaba, era el campeón. Si empataba sería una igualdad entre Brasil, Paraguay y Perú. Sin embargo, Uruguay dio el batacazo y ganó por 3 a 0. Dejó así al torneo ante la necesidad de un partido definitorio entre Brasil y Paraguay. Se reeditaba el duelo final de 1949 en Río de Janeiro (Brasil 7 - Paraguay 0).

El partido se jugaría el 1 de abril, pleno miércoles santo. Y previo al mismo ocurrió algo llamativo en la delegación paraguaya. El técnico Manuel Fleitas Solich viajó a Buenos Aires, para firmar contrato con el club Flamengo, de Río de Janeiro, Brasil. Regresó solo horas antes del inicio del encuentro. Eso hizo renacer el espíritu del equipo, que le tenía veneración al legendario Lecayá.

Paraguay entró a la cancha con Riquelme; Herrera y Olmedo; Gavilán, Leguizamón y Hermosilla; Berni, López, Fernández, Romero y Gómez.
Brasil comenzó con Castilho; Djalma Santos, Haroldo y Nilton Santos; Bauer y Brandaozinho; Julinho, Didí, Baltazar, Pinga y Claudio.

Todo el país estaba pendiente del partido. En ese entonces no había televisión. El fútbol se transmitía solo por radio. Dos emisoras paraguayas estaban en el Estadio Nacional de Lima: Radio Nacional, con su relator Ulises Jordán, y Radio Teleco, con Alejandro Cáceres Almada. Este último tuvo problemas técnicos y no pudo subir al aire, pero realizó una histórica grabación de los incidentes del partido.
Atilio López, Manuel Gavilán y Rubén Fernández convirtieron en el primer tiempo, con lo que el descanso se produjo con un contundente 3 a 0 a favor de Paraguay. En Asunción se vivía un delirio en plena noche de miércoles santo, que en aquella época era un tiempo de unción religiosa plena.

En la segunda etapa del juego, Aimore Moreira, entrenador de Brasil, cambió a Pinga por Ipojucan, quien, al lado de Baltazar, creó varias jugadas. Antes de los 20 minutos, Baltazar logró dos goles. Para más, Heriberto Herrera se retiró lesionado y fue sustituido por el zaguero de Guaraní Domingo Martínez.

Y después ya fue una defensa épica. El relator de Radio Nacional ya no relataba: iba contando los minutos que faltaban para la finalización del partido. Hasta que terminó el vía crucis del Miércoles Santo y la Semana Santa fue una Semana de Fiesta con el triunfo albirrojo y el primer título sudamericano para nuestro país. A la medianoche se desató un petardeo infernal.

El Jueves Santo, 2 de abril, el pueblo se volcó al aeropuerto. Luego de una paciente espera se vio aterrizar el avión de Panair do Brasil que conducía a los campeones sudamericanos.

Se produjo un dramático silencio en momentos en que la máquina carreteaba hacia el lugar de desembarque. En ese momento, las ventanillas de los pilotos se abrieron y de ellas emergieron dos banderas

paraguayas. Entonces el público estalló en un júbilo esplendoroso festejando una conquista esperada durante tantos años y que apareció en un momento en que el Paraguay necesitaba de alegrías como aquella, en medio de tantas vicisitudes.

(del muro de Bernado Neri Farina, notable escritor paraguayo).

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